Cuando la Fe Intenta Convertirse en Poder
- JC

- 18 minutes ago
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En los últimos años, una frase ha comenzado a aparecer con más frecuencia en conversaciones sobre religión y política. Nacionalismo cristiano. Algunas personas la usan con orgullo. Otras con preocupación. Muchas no están completamente seguras de lo que significa, pero sienten que algo importante está en juego. En esencia, el nacionalismo cristiano mezcla la fe con el poder político, como si la identidad de un país y el mensaje de Jesús fueran la misma cosa. En la superficie puede sonar como la defensa de valores o de la moral. Pero la piedra en mi camino 🚶🏽➡️es esta pregunta sencilla. ¿Cuándo seguir a Jesús se convirtió en intentar controlar una nación en lugar de amar a las personas.
La tensión aparece cuando la fe deja de ser un camino de transformación personal y se convierte en una herramienta de influencia. A lo largo de la historia, cada vez que la religión se acerca demasiado al poder político, algo esencial se distorsiona. El evangelio, que siempre ha sido buenas noticias para todos, comienza a sonar como si perteneciera solo a un grupo. La compasión se vuelve secundaria frente al control. El servicio se reemplaza por la defensa de posiciones. El enfoque deja de estar en el prójimo y se centra en proteger una identidad cultural.
El nacionalismo cristiano no siempre se presenta de forma evidente. A veces se reconoce por su postura. Confunde cultura con fe. Interpreta la victoria política como victoria moral. Habla más de influencia que de misericordia. Traza fronteras entre “nosotros” y “ellos” en lugar de construir puentes. Muchas personas dentro de este movimiento creen sinceramente que están protegiendo algo sagrado. Esa intención puede ser real. Pero la sinceridad no siempre significa que estemos reflejando el corazón de Jesús.

La brújula🧭 en este tema es sorprendentemente clara cuando miramos la vida de Jesús. Él nunca buscó poder político. Cuando quisieron hacerlo rey por la fuerza, se apartó. Cuando le preguntaron sobre la autoridad del gobierno, no convirtió la fe en un arma política. Ante Pilato dijo que su reino no era de este mundo. Jesús no vino a construir una nación. Vino a restaurar corazones. No acumuló poder. Se entregó. No defendió territorio. Cruzó barreras. El evangelio se mueve a través de la humildad, el servicio, el perdón y el amor, no a través del control o la dominación.
Cuando el cristianismo se enfoca más en influencia que en compasión, comienza a alejarse de su origen. El reino de Dios nunca ha dependido del poder político para crecer. Crece en silencio, en vidas transformadas, en actos de gracia, en comunidades que eligen amar. Crece cada vez que alguien decide servir en lugar de dominar, escuchar en lugar de imponer.
El sendero abierto🛣️ frente a nosotros no consiste en retirarnos del mundo ni en ignorar lo que sucede en la sociedad. Consiste en recordar quiénes estamos llamados a ser dentro de ella. Los seguidores de Jesús no fueron llamados a controlar la cultura, sino a servirla. No a conquistar poder, sino a reflejar a Cristo. No a proteger una institución, sino a vivir el evangelio. El mundo no necesita voces religiosas más fuertes en la política. Necesita vidas que se parezcan más a Jesús.
El evangelio ha sobrevivido imperios, gobiernos y siglos de cambios porque nunca estuvo sostenido por el poder humano. Siempre estuvo sostenido por el amor. Y el amor no necesita una bandera para permanecer. Necesita personas fieles que recuerden cómo vivió Jesús.
Por eso este tema importa. Cuando la fe empieza a sonar más como control que como compasión, regresamos a los evangelios. Cuando el cristianismo se parece más al poder que al servicio, volvemos a Jesús. Cuando el ruido aumenta, regresamos a la claridad de su ejemplo.
Ahí es donde el cristianismo vuelve a reconocerse.
Descalzo ante Dios. Honesto contigo. Firme en lo sencillo.
Barefoot Gospel






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